Zen y el arte de la toma de decisiones minimalista

Considerar muchas opciones puede llegar ser abrumador. Es como cuando vamos a un restaurante que tiene más de treinta platos diferentes. Tendemos a leerlos todos uno por uno y elegir uno de ellos sin mucha certeza. No es raro que llegue el plato que ordenamos y no poder disfrutar de la comida porque nos quedamos con la idea de que otro de los platos hubiera sido una mejor opción. Es mucho más fácil ir a un lugar de comida rápida y elegir uno de los seis combos.

Demasiadas opciones puede generar baja productividad, agobio y no valorar lo que hemos comprado o la decisión que hemos tomado.

1. Fijar reglas para automatizar la mayor cantidad decisiones posibles

La mayoría de los cuellos de botella con los que me he encontrado trabajando con equipos de gente, no es por falta de productividad o por trabajar lento, sino por no saber tomar decisiones rápidamente. Los proyectos se trancan por que todo el mundo parece estar esperando que el de al lado defina algo que está pendiente para que ellos puedan proceder.

En tiempos donde la velocidad de adaptarse a los cambios es de vida o muerte, ser lento a la hora de tomar decisiones mata compañías.

Automatizar la toma de decisiones quiere decir crear sistemas y reglas que otros puedan leer y seguir para tomar decisiones más rápidas.

Por ejemplo:

  • Agendar reuniones solamente martes y jueves.
  • Chequear e-mail una vez al día después de las 3 p. m.
  • Por compras menores a 100 dólares no consultarme.
  • Al llegar al aeropuerto, tomar el medio de transporte más rápido y no considerar otras opciones.
  • En un restaurante, ordenar solamente platos del menú del día y no considerar el resto de los platos.

2. No deliberar antes de poder entrar en acción

No tiene sentido chequear nuestra casilla de correo un sábado de mañana cuando no vamos a poder hacer nada hasta el lunes por la mañana. Evita generarte preocupación y deliberación innecesariamente.

3. No posponer decisiones solamente para evitar conversaciones incómodas

Si alguien te invita a un cumpleaños al que no quieres ir. Por ejemplo, evita abrir opciones y responder que quizá vayas y que luego le respondes. Es preferible responder que no vas a poder estar, dejar cerrado el asunto y seguir adelante con tu vida.

4. Tomar decisiones reversibles o no fatales lo más rápido posible

No tiene ningún sentido ahorrar 2 dólares en un taxi cuando aterrizamos si eso implicó perder veinte minutos recorriendo servicios de transporte por todo el aeropuerto.

Por ejemplo:

  • Considerar solamente las primeras tres opciones.
  • Decidir que plato ordenar en menos de cinco minutos.
  • Elegir la opción más rápida de implementar.

No se trata del dinero, ni siquiera del tiempo, se trata de atención, espacio mental en nuestra cabeza que podríamos haber utilizado para pensar y tomar otras decisiones más importantes y de mayor impacto. Aprende a tomar decisiones pequeñas lo más rápido posible de manera minimalista.

5. No buscar variaciones donde no es necesario hacerlo

Cuando nos despertamos y comenzamos el día por ejemplo, podemos elegir, innovar y variar nuestro desayuno según como nos sintamos ese día y que es lo que nos apetece desayunar y perder 20 a 30 minutos deliberando, cocinando y yendo a comprar lo que precisamos. O por el contrario, adoptar una rutina y desayunar todos los días exactamente lo mismo sin pensar. Cuando yo desayuno, mi único objetivo es nutrirme y tener el combustible necesario para comenzar bien el día, no es mi objetivo recrearme ni pasar un lindo momento. No confundamos lo que es algo orientado a los resultados con la recreación. Crear rutinas nos permite innovar donde es más necesario.

6. Minimizar el arrepentimiento

El arrepentimiento es toma de decisiones en tiempo pasado. Si te regalan un par de zapatos en tu cumpleaños, por ejemplo, puedes dejarlos sin usar por una semana esperando ir a la tienda donde te los compraron y ver si hay otro modelo que te guste más por el cual cambiarlo y perder valioso espacio mental intentando definir que modelo prefieres. O puedes adoptar el hábito de no cambiar nada de lo que te regalen y usarlo el mismo día que te lo obsequiaron para no tener que decidir si lo cambias o no.


No se trata de evitar tomar decisiones, ese no es el problema, lo que buscamos es minimizar el tiempo de vacilación y duda para aumentar el número de decisiones que podemos tomar. Aprende el arte de la toma de decisiones minimalista, es una herramienta filosófica muy subestimada que tiene el potencial de producir efectos dramáticos en tu productividad y satisfacción con la vida.